2. Amparo Jiménez
Asamblea Permanente por la Paz. Regional del Valle del Cauca
Estamos aquí congregados en la Plazoleta de San Francisco para reafirmar públicamente, con nuestra presencia ciudadana, con nuestras convicciones democráticas y firmes acciones civilistas, que ésta es la hora de la vida, la libertad y la justicia social. Es la hora de la Paz, porque todos unidos queremos una Colombia viva, libre, soberana y con justicia social.
Desde esta querida y amada Santiago de Cali, que para Colombia evoca la vida y la alegría, saludamos y damos la bienvenida a todos los delegados nacionales e internacionales, y a las autoridades civiles y eclesiásticas que hoy nos acompañan en la instalación de esta segundo plenario de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz. En esta ciudad, el espíritu de la Asamblea sopla con más fuerza desde el domingo 6 de junio, cuando multitudinariamente repudiamos el secuestro de los feligreses de La María. Y ese espíritu hoy se encarna, como en ningún otro lugar, en la Zona de Distensión de La María, emplazada por los familiares de los feligreses secuestrados, a quienes desde aquí queremos saludar y acompañar, expresándoles nuestra solidaridad y nuestras exigencias de libertad inmediata e incondicional para todos los secuestrados en nuestro país.
Pero, con mayor razón, queremos manifestar nuestro sentimiento de solidaridad con los familiares de los miles de compatriotas desaparecidos por el odio y la intolerancia de unos pocos. Sus vidas y sueños jamás desaparecerán de nuestra memoria, al igual que nuestro clamor por la verdad de su destino y el cumplido ejercicio de la justicia sobre sus verdugos.
Damos la bienvenida a todos los asistentes y participantes en esta reunión plenaria, con la convicción y la emoción de estar asistiendo a una cita histórica, porque los que estamos aquí, junto con los cientos de miles de ciudadanos que se han movilizado en toda la patria, por la vida y la libertad, sabemos bien que la paz no da espera ni tregua. Sabemos que ella depende, hoy más que nunca, de nuestras acciones y compromisos a favor de la vida, la libertad y la justicia social.
Hoy ya no hay lugar para la indiferencia, la indolencia o la neutralidad. Sólo hay lugar para el ejercicio de nuestra soberana voluntad de paz y justicia social. Estamos hastiados de la barbarie de una guerra que asesina, desplaza y desarraiga hasta los sueños de niñas y niños; que secuestra la libertad de todo un pueblo y desaparece la justicia social en los abismos del gasto militar y en los laberintos de la extorsión y la violencia.
Exigimos que no haya más dilaciones ni aplazamientos criminales en la aplicación, inmediata y verificada, del Derecho Internacional Humanitario por parte de todos los actores armados, sin excepción alguna. Así lo notificamos el 26 de octubre de 1997, cuando la voluntad soberana de 10 millones de colombianas y colombianos demandó, a todos los violentos, poner fin a la barbarie, respetar incondicionalmente el Derecho Internacional Humanitario y superar políticamente, mediante el diálogo y la concertación, las causas generadoras de este atroz y degradado conflicto.
Todos estamos empeñados en una paz ciudadana y civilista, exigente en el cumplimiento de los compromisos y la palabra empeñada. Por eso demandamos, una vez más, al Gobierno y a todos los grupos alzados en armas, que cumplan el Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad. No más dilaciones criminales en su acatamiento. No más secuestros ni desapariciones. No más desplazamientos ni masacres. No más minas antipersonales ni bombardeos indiscriminados. No más niños y niñas en la guerra.
Exigimos el cumplimiento incondicional y verificado del Derecho Internacional Humanitario en todo el territorio nacional, como puerta de entrada a un verdadero proceso de paz. Demandamos, para ello, el cese inmediato del fuego y de la barbarie contra la población inerme, la suscripción y cumplimiento verificado de acuerdos humanitarios y la iniciación de conversaciones con todos los actores armados, para superar, política y democráticamente, las injusticias e intolerancias que hoy, absurdamente, nos aniquilan. Para construir esa paz, es imprescindible la presencia entre nosotros de todas las personas violenta y arbitrariamente privadas de libertad, sean civiles, policías o militares, y poner fin a las desapariciones forzadas, pues una paz con justicia social, exige el concurso y la participación de todos.
Una paz democrática y perdurable, hoy más urgente que nunca, precisa y necesita la superación de la violencia estructural causada por el desempleo, el hambre, la ignorancia y las políticas económicas regresivas. Sólo superando con auténticas políticas sociales esa violencia estructural, podrá ponerse fin a la vorágine de venganzas y revanchas que nos impiden trabajar colectivamente por un proyecto compartido de nación. Se trata, también, de una paz que recobre la honestidad y dignidad de la política, hoy desaparecida en la corrupción de la guerra y atrapada en una fina red de negociados y privatizaciones de empresas estatales, y del patrimonio público, en desmedro del interés general y del bienestar de la nación.
Para abordar estos desafíos los invitamos, durante el jueves y el viernes, a trabajar y deliberar en la Universidad del Valle, sede de Meléndez, patrimonio de la inteligencia, la investigación y la creatividad de nuestro pueblo, en los tres ejes temáticos ya definidos. Primero, la defensa de la vida, por la plena vigencia de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Segundo, la consolidación del movimiento por la paz y el fortalecimiento de la sociedad civil y, tercero, el desarrollo social con equidad, como fundamento de una paz democrática y sostenible.
En todos ellos debemos pasar de las declaraciones de paz a las estrategias y acciones ciudadanas de paz, para superar democráticamente la encrucijada histórica que vivimos en nuestra atribulada patria. Porque todos queremos y creemos que esta es la hora de la paz, porque todos unidos podemos construir democráticamente una Colombia viva, libre, soberana y con justicia social.
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