2. Pedagogía y cultura de paz
En la versión definitiva de la relatoría, preparada por Nelly Albarán de Aparicio, fueron incorporados los puntos de vista recogidos por el grupo de trabajo, en el taller que adelantó Germán Niño, como relator.
Introducción:
Es comúnmente aceptado que Colombia atraviesa por una grave crisis individual y social. Individual, como quiebra y pérdida de los horizontes éticos; colectiva, como pérdida del sentido del bien público. En medio de ella, emerge del interior de nosotros mismos el llamado de humanidad esencial que nos impele a superar la inconsciencia y la contradicción.
Tal situación nos compromete a idear, a partir de la crisis, la construcción de un ser humano digno e integral y de una nueva sociedad, es decir, de una cultura de paz. Todo, mediante una pedagogía, que no es un acto ni una suma de actividades sino un proceso participativo, concertado, sistemático y global, que fundamenta la convivencia en proyectos comunes y valores compartidos, que defiende la vida y se basa en la dignidad humana; que, desde temprana edad, desarrolla en el individuo una nueva conciencia capaz, de interiorizar el sentido de los valores universales; que educa en el aprecio a la libertad y prepara a los ciudadanos en la no violencia.
Se trata, entonces, de una construcción colectiva que promueve "el desarrollo integral de ser humano", como lo estableció el primer plenario de la Asamblea. Este segundo plenario deberá resolver, programáticamente, el cómo hacerlo, con ayuda de los trabajos adelantados por la Comisión de Pedagogía y Cultura de Paz, en 1998 y 1999. Pedagogía y cultura de paz, definidas como el ethos convivial que se expresa en elevada autoestima, a la vez que mutua estimación, en armonía con la naturaleza. Para lograr este propósito es necesario reconocer que partimos de una socialización patriarcal, autoritaria y violenta, que exige la iniciación de procesos de fractura y reconstrucción, de valores sostenibles y permanentes.
El establecimiento de vínculos sociales que tengan como referente las exigencias éticas, deberá contar con un inventario de prácticas que, ante todo, revaloricen la vida y promuevan el desarrollo humano, en el marco del bien social, de la conciencia de lo público, de la responsabilidad y la solidaridad.
¿Cómo se puede proyectar o generar la paz en los entornos donde se desenvuelve?
El taller realizado por esta comisión para responder a la pregunta ¿cómo se puede proyectar o generar la paz en los entornos donde se desenvuelve?, hizo propuestas que, muy resumidas, son las siguientes:
- Construir mediaciones concretas, es decir, hechos y dichos que viabilicen un ethos convivial, como manera de convivir, compartir, coincidir en el mundo de la vida humana.
- Actuar con tranquilidad ante los conflictos sabiendo escoger los necesarios y útiles para el desarrollo de estructuras justas, evitando eliminar al diferente.
- Contribuir a crear un ambiente grato, amable, afectuoso y jovial, que respete y defienda la diversidad. Ambiente en el cual tengan cabida los conflictos, las controversias y las opiniones distintas, así como la solución de las diferencias.
- Crear conocimiento para entender a individuos y sociedades en su historia, sus conflictos, sus necesidades vitales, enmarcando las soluciones en el ámbito de los derechos humanos universales. Alimentar el conocimiento crítico que señale y corrija los grandes males que han hecho desgraciada a la humanidad.
- Defender de manera pacífica nuestros derechos, mediante el diálogo y los acuerdos.
- Considerar como un tema transversal, de todos nuestros planes y proyectos de trabajo, el tema de pedagogía y cultura de paz. Y en la vida cotidiana superar la irracionalidad por este medio.
- Desarmarnos a nosotros mismos. Constituirnos en ejemplo para quienes nos rodean. Aprender a reconciliarnos. Entender y escuchar con atención al otro. Afirmar el sentido de la convivencia comunitaria. Promover el respeto a las diferencias religiosas, de género, de preferencia sexual, de raza, etc.
- Obtener la paz en nuestro entorno e irradiarla, luego, a los demás.
- Reconocernos a nosotros mismos y, ejerciendo control sobre las propias emociones, generar tolerancia, entendimiento, solidaridad y gestión compartida. Proyectar la paz como un ejercicio integral, en los niveles social, ético, afectivo, cultural y político del desarrollo humano.
- Armonizar los comportamientos cotidianos con los públicos, superando la socialización basada en el miedo, la culpa y la rabia.
¿Cómo sería una propuesta pedagógica, preparada por la sociedad civil, que nos convoque a todos y a todas en el proceso de paz?
La pregunta ¿cómo sería una propuesta pedagógica, preparada por la sociedad civil, que nos convoque a todos y a todas en el proceso de paz?, fue respondida así: debe ser una propuesta que:
- Fortalezca la construcción de ciudadanía en una perspectiva de paz, como proyecto estratégico cultural nacional, con expresiones regionales y locales.
- Fortalezca a los grupos y al tejido social.
- Cuestione el poder, buscando la justicia social como base de la paz.
- Consulte la experiencia acumulada en instituciones y comunidades, particularmente en materia de resolución de conflictos.
- Construya o recupere el protagonismo de la sociedad civil en la construcción del país.
- Desarrolle una concepción de paz integral, desde una metodología participativa.
- Impulse espacios que posibiliten los avances y la retroalimentación sobre el tema y faciliten la información.
- Se fundamente en los derechos humanos, con una visión integral de los mismos.
- Promueva la explicación global sobre culturas de paz.
- Incorpore la lúdica y el juego al trabajo por la paz.
- Asimile este trabajo como un proceso.
- Exija el desarme.
- Participe en las mesas de diálogo para que se escuche realmente la voz de los ciudadanos desarmados.
- Promueva, amplíe, fortalezca y articule una de las redes de propuestas pedagógicas para la paz, en un espacio común que tenga como propósito la elaboración de un mapa de acciones y actores.
- Proponga una acción que se denomine Navidad en Paz.
- Realice una actividad en la semana por la paz.
- Impulse el movimiento Con-Paz: al compás de la paz, en tres momentos: un compás de espera, todos y todas al compás de la paz.
La sociedad colombiana ha de llegar a la aceptación de un proyecto común, con metas claras que generen acciones plenas de sentido, dirigidas al logro de objetivos relacionados con el poder ciudadano, a partir de un comportamiento ético y de una racional organización de la vida social, hacia la fraternidad.
En lo político, la profundización de la democracia deberá dar el paso indispensable, desde las formulaciones teóricas hasta las acciones prácticas, que permita el encuentro en la diversidad, el desarrollo de hábitos de sano compañerismo en libertad, la superación de los conflictos propios de la existencia cotidiana sin recurrir a la supresión del otro, la reafirmación y respeto de los derechos humanos y de los deberes ciudadanos. La posibilidad de estos logros va unida, indiscutiblemente, al conocimiento de temas fundamentales como la alteridad, las realidades individuales y sociales, la formación de conciencia crítica y la adquisición del compromiso con los intereses superiores de la vida humana y social. En el inmediato presente, a la comprensión de la violencia que vivimos, a la sensibilización ante el dolor de las víctimas, su reconstrucción psicofísica y la reparación de sus pérdidas.
Se requiere, por tanto, crear imaginarios nuevos, con la contribución de filósofos, científicos naturales y sociales, pedagogos, artistas, religiosos, capaces de delinear toda una construcción-visión que, además, tome en cuenta el saber acumulado por los diferentes sectores sociales, tales como: el campesinado, las diversas etnias, las negritudes, etc., con el objetivo de cambiar los marcos desuetos de la vida nacional e instaurar, frente a la tradicional cultura guerrera, una sólida cultura de paz.
Una construcción conjunta, como la propone la Asamblea de la Sociedad Civil, deberá hacer de la transversalidad una característica fundamental de un proyecto pedagógico para la paz; desarrollar en su programa las acciones culturales que puedan ir consolidando la anhelada política permanente de paz, anclada en la justicia social; revisar el ejercicio de los comportamientos éticos; valorar periódicamente las experiencias realizadas y precisar las acciones adecuadas para la obtención de los objetivos propuestos. Es nuestro compromiso. Es asunto de todos y de todas.
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