Discurso de instalación de la
III Plenaria de la
"Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz".

Rionegro, Oriente Antioqueño. 19 de Julio del 2001.

Por: Olga Lucía Ramírez
Vocera de la Asamblea por la Paz - Antioquia

  • Señor Amérigo Incalcaterra, delegado del Director de la oficina de las Naciones Unidas para la defensa de los DDHH en Colombia.
  • Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.
  • Señor Ministro del Interior, doctor Armando Estrada Villa.
  • Señores embajadores y delegados de los diferentes países y organizaciones internacionales presentes.
  • Monseñor Flavio Calle, Obispo de la diócesis de Sonsón-Rionegro.
  • Señores Alcaldes de Rionegro, La Ceja y el Carmen de Viboral.
  • Delegado gobernador
  • Comisionado de paz
  • Otros delegadas y delegados de cientos de organizaciones sociales presentes.

Agradezco profundamente el que la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, me haya designado para hacer el discurso de Instalación de esta importante y necesaria Tercera Plenaria; y lo agradezco también en nombre de las mujeres, como integrante que soy de la "Ruta Pacífica de las Mujeres por la negociación política de los conflictos". Agradezco al Consejo provincial de Oriente y a las distintas organizaciones su acogida solidaria.

La asamblea se ha propuesto en estos 4 años fortalecer el movimiento de paz y las expresiones de poder ciudadano, en la perspectiva de refundación de país, En este tiempo se ha realizado un trabajo permanente con sectores sociales, especialmente jóvenes y mayores y en distintas regiones, buscando consensos y formulando propuestas que contribuyan a la construcción de la paz. Me propongo, recogiendo en lo posible nuestros consensos fundamentales, hacer algunas reflexiones sobre la realidad actual del país, nuestra perspectiva y propuestas:

Colombia está viviendo una gravísima crisis humanitaria que se profundiza cada día mas. La extensión de la confrontación armada, las diversas violencias, la impunidad han generado lesiones graves en los tejidos sociales y en las posibilidades de constitución de una sólida sociedad civil.. Se ha configurado en nuestro pais lo que se denomina una grave Emergencia Humanitaria Compleja, expresada en la debilidad del Estado local, altos índices de violación a los Derechos Humanos, incumplimiento sistemático de los diversos actores armados del Derecho Internacional Humanitario y sobre todo, altos índices de población afectada por el desplazamiento forzado.

Asistimos a reveladoras manifestaciones de impotencia por parte de diversas autoridades regionales y nacionales para asumir la función constitucional de proteger a la población. La Asamblea Permanente en Antioquia en comunicado del pasado 13 de Julio, y ante los hechos sucedidos en Peque, expresó que "la fuerza pública solo hace presencia cuando ya la zozobra o los actos de muerte y/o desplazamiento han sido consumados". Por todo ello, para muchos y muchas y especialmente para las comunidades indígenas, ante el genocidio, es necesario que la comunidad internacional intervenga.

A ello sumamos el desplazamiento de más de dos millones de personas, el 70% de las cuales son mujeres, niños y niñas. El estado se muestra incapaz de prevenir y menos de evitar nuevos desplazamientos, y destina recursos irrisorios a la atención y reparación de las víctimas. Esto muestra su precariedad y por lo mismo es cuestionado nacional e internacionalmente: por ser incapaz de controlar el paramilitarismo, la insurgencia, el narcotráfico, la delincuencia común, la corrupción, la guerra en las ciudades.... incapaz en suma, de garantizar la vida, honra y bienes de los ciudadanos y ciudadanas.

Por otro lado, el país se encuentra atravesado por un amplio debate; centro del cual es precisamente la debilidad del estado y su necesario fortalecimiento. La historia colombiana nos permite mostrar la responsabilidad de sectores de la clase política en la situación que padecemos. La corrupción (según estadísticas oficiales) implicó la pérdida de 20 billones de pesos entre 1994-1998 para solo poner un ejemplo. Hay allí una debilidad fundamental. El 50% de la población colombiana ya no está en situación de pobreza, sino en la miseria. Lo anterior significa analfabetismo, desnutrición, insalubridad, gente sin techo, desempleo creciente, desplazamiento en las ciudades y en las cabeceras municipales. La debilidad del estado colombiano entonces, no radica en que le falten más armas, ni más hombres-arma, sino en no dar respuesta a esta grave crisis social.

Por ello también amplios sectores de la opinión nacional e internacional han rechazado la lógica guerrerista y militarista del Plan Colombia en detrimento de una correcta comprensión del problema colombiano. Y es que de ello también se trata en el debate social que vivimos; nuestro país en gran parte desconoce su historia; la información es manipulada en nombre de una verdad oficial que ha querido imponerse. Y mucha gente empieza a cansarse de que los medios masivos de comunicación les digan o verdades a medias o mentiras. Para colocar un ejemplo sobre la gravedad de esta actitud y su incidencia en la extensión de la guerra, el informe 2000, de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas en Colombia observa "el creciente apoyo que gracias en buena parte a la campaña de los medios de comunicación, comienzan a tener las fuerzas paramilitares en diversos sectores sociales".

Es urgente que sean el uso de la palabra comprometida, la transparencia y el respeto mutuo, las claves para relacionarnos; en contravía de la lógica de la guerra, del diálogo como táctica, de la apología de las armas y de la retaliación.

Así mismo el problema de la droga no está enfocado de manera justa . Se debería hablar en primer lugar de narcoconsumo, como síntoma sobre el cual, especialmente las sociedades norteamericana y Europea deben reflexionar. Por lo que a Colombia atañe, es internacionalmente conocido que el narcotráfico ha crecido mucho y desde hace muchos años se encuentra íntimamente relacionado con sectores de la clase política, del ejército y el paramilitarismo; con importantes sectores económicos, así como que ingresos muy importantes de las guerrillas provienen de su control sobre zonas con cultivos ilícitos. Pero especialmente importante en la actualidad es aportar vías de salida a este problema. Pensamos que la solución al problema del narcotráfico no es la fumigación. Frente al problema de los cultivos ilícitos en Colombia, creemos que su solución se debe hallar en el marco del proceso de paz, con acuerdos para la financiación y puesta en marcha de proyectos viables y serios de desarrollo para las comunidades campesinas; comunidades despojadas históricamente de la tierra y que no tienen más alternativa que sembrar coca o amapola. Esta vía, reclamada hoy por lúcidos gobernadores del sur del país y que la comunidad internacional está dispuesta a apoyar, está convocando las voluntades de todos los actores armados y en su desarrollo deben comprometerse todos los sectores sociales.

Subsisten, claro está, problemas estructurales, acumulados históricos que debemos enfrentar, como por ejemplo el problema de la tierra y el de la exclusión política; ambos estrechamente ligados; o el de la deuda externa, entre otros. En la Asamblea Permanente, coincidimos con el historiador norteamericano Herbert Braun, para quien el proceso de paz en Colombia solo será sostenible si salda cuentas con la historia.

2. Nuestras tareas y propuestas: Cual es pues entonces, de cara a este contexto, nuestra perspectiva, tareas y propuestas?

Refundar la Nación, Ordenar el país, establecer el derecho...Tal es pues la perspectiva del Movimiento por la Paz. El debate actual en la sociedad colombiana nos revela el crecimiento de la conciencia ciudadana, la presencia altamente significativa del Movimiento por la Paz; esto es de sectores de la sociedad que se oponen a la guerra, a la extensión de la lógica militarista, que reclaman otro fundamento para la Ley y la cultura.

Expresión del crecimiento de la conciencia política y de ello es un indicador claro, por ejemplo a nivel electoral, es el crecimiento del voto independiente de los partidos políticos. Esta corriente social tiene múltiples expresiones, una de las cuales es indudablemente ésta que nos convoca hoy, la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz. Tal movimiento por la Paz parte de una lógica en la que el criterio fundamental es el respeto al ser humano como base de la existencia y desarrollo de la sociedad.

Por estas razones, con muchos otros sectores de la opinión nacional e internacional afirmamos el proceso de Paz; confiamos plenamente en que la negociación política del conflicto colombiano es la vía más civilizada y sensata para salir del proceso de destrucción y degradación en la que nos encontramos. Necesitamos un estado cuya legitimidad y eficiencia surja de su sentido democrático, es decir un estado que realmente represente las fuerzas políticas y sociales que hay en el país y que su eficiencia se demuestre al dar respuesta, con ellas, a las necesidades de la población. Por lo tanto un estado que para ser fuerte debe dar cabida a quienes han sido excluidos y excluidas del poder. Por ello también exigimos al estado colombiano concretar la Convención Nacional con el ELN. Nuestra prioridad es pues la negociación política: la continuidad, ampliación profundización y consolidación del proceso de paz.

En segundo lugar urgimos cambios en el modelo de negociación. En la actualidad el modelo de negociación en medio del fuego, se ha agotado porque ha permitido el ensañamiento de los actores armados con la población civil. Exigimos una negociación en medio del cese multilateral del fuego; porque ello expresa el sentir de esta población que es la mayor víctima de tal enfrentamiento.

En tercer lugar: escuchamos a los grandes medios y al gobierno exigir hechos de paz a la guerrilla; consideramos que el intercambio humanitario recientemente celebrado es un paso importante y que dicho acuerdo debe profundizarse y expandirse, acatando el DIH.. Las guerrillas deben hacer y continuar haciendo gestos de paz.. Pero faltan hechos de paz de gran parte de la llamada dirigencia política y económica colombiana Se requiere voluntad real para hacer reformas estructurales, ceder poder político y poder económico.. Sin embargo aquí también hay felizmente un debate y sabemos reconocer qué sectores del estado y del gobierno mismo hacen esfuerzos importantes por la paz; esfuerzos que apoyamos pero que deben profundizarse, amplificarse y hacerse coherentes a nivel de todo el estado y especialmente de sus fuerzas armadas. Como Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz reclamamos mayor voluntad política en los partidos, en los actores armados, en los candidatos y candidatas presidenciales y en general en toda la sociedad; Tal voluntad política es la garantía de que el proceso de paz marche a la velocidad que se requiere. Tal voluntad solo será posible abriendo camino a la confianza, al respeto mutuo; y desarrollando una negociación de cara a la sociedad y a los movimientos sociales, recogiendo sus mejores propuestas y experiencias.

En cuarto lugar lograr la Paz, implica superar las mezquindades, requiere generosidad y tal afirmación también es válida para nosotros y nosotras, como Movimiento por la Paz. El momento actual también nos muestra como prioridad la necesidad de una mayor convergencia de las diferentes iniciativas ciudadanas por la paz. Debemos avanzar, con actitud abierta, desinteresada, sin pretender que cualquier iniciativa es madre o debe cobijar a las demás. Pensamos que la construcción de una convergencia entre las iniciativas de paz en el país, será un hecho que muestre a la nación derroteros de dignidad, justicia y paz. Desde la Asamblea expreso nuestra disposición, interés y trabajo en la elaboración de proyectos y planes de acción conjuntos.

La riqueza del movimiento por la paz en Colombia es muy grande; Hay en él expresiones que se sitúan explícitamente desde una posición pacifista en la búsqueda de una sociedad sin armas, en la desmilitarización de toda nuestra cultura. Objetivo que a nuestro modo de ver debe pasar a primer plano. En Colombia seguimos matándonos, se pierden centenares de miles de vidas invaluables mientras los mercaderes internacionales de armas disfrutan sus ganancias.

Creemos que muchos sectores de la sociedad estamos construyendo paulatinamente una posición crítica frente a las diversas formas de violencia, estamos construyendo autonomía frente a todos los actores armados. queremos que termine esta guerra y dar comienzo, mediante el diálogo y la negociación, a la reconstrucción del país.

Los esfuerzos por la Paz en Colombia no podrán salir adelante sino se cuenta con un amplio respaldo, cooperación y solidaridad internacional.

Como Asamblea Permanente respaldamos plenamente el trabajo de las Naciones Unidas en Colombia y rechazamos cualquier acto de fuerza que se ejerza contra sus funcionarios o sus bienes. Así mismo respaldamos la carta de Human Right Watch a las FARC-EP. Respaldamos pues en suma los esfuerzos que en el mundo se hacen porque el respeto a los DDHH y al DIH sea norma para todos los pueblos, Estados , organizaciones, etnias y personas. Creemos, asi mismo que la presión de la comunidad internacional para que el Estado colombiano de muestras reales de transformación hacia un estado social, democrático y de derecho debe mantenerse e intensificarse. así mismo valoramos que sostenga una clara posición en pro de la negociación política del conflicto, así como su preocupación por el agravamiento de la crisis humanitaria en el país.

En este sentido, queremos expresar que la puesta en marcha de la Corte Penal Internacional y su atención sobre los autores de delitos de lesa humanidad (como masacres, desapariciones, violación y tortura) en Colombia, es una necesidad urgente y ciertamente apoyamos la creación de este organismo.

Ciudadanas y ciudadanos que hoy nos reencontramos:

Al declarar instalada esta III Plenaria quiero expresar que si bien la hora actual es ciertamente difícil, nuestra decisión de construir una nación posible y digna, permanece intacta y estamos concientes de la magnitud de la tarea. La hora es pues de trabajo, el llamado es a continuar, sostener y profundizar nuestro empeño, manteniendo una voluntad colectiva vigilante y activa.

Invito a que estos días sean de encuentro y esfuerzo responsable y cuidadoso; invito a que nos escuchemos con respeto. Les convoco a pensar en que es posible gestar voluntades colectivas y afirmarnos en la fuerza que nos da la convergencia. La hora actual reclama generosidad. Grandeza y generosidad para lograr nuestros objetivos y para que sean esta vez todos los colombianos y colombianas quienes continuando esta Ruta , respondan a la invitación que con amor hacemos:

¡Faltás vos para hacer la paz!

Muchas Gracias.

 
   
       

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