Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz "Es de todo@s, todo el tiempo... es la paz"
Boletín número 1 junio de 2.000

Presentación
Advertencia Necesaria


Otra vez los acuerdos por arriba
La escena política se ha reestructurado luego de los amagos de referendo, deviniendo en un escenario adverso para la paz.



Nuestra última desventura
El Plan Colombia está llamado a incrementar la guerra y a traer mayor desolación a nuestro país


La razón del sobresalto
La especulación ha servido para asegurar el ajuste a pesar de las turbulencias políticas


En blanco y negro
Cuando ya la Administración Pastrana entra en su segunda mitad, conviene evaluar el proceso de paz. Lo que sigue es apenas una invitación a que cada uno haga su propio balance


     

OTRA VEZ LOS ACUERDOS POR ARRIBA

La escena política se ha reestructurado luego de los amagos de referendo, deviniendo en un escenario adverso para la paz.

Hasta marzo, gracias a la Alianza para al Cambio, la administración Pastrana había navegado en mar sereno. Se lo permitían la mayoría parlamentaria conformada por los conservadores de siempre, más los liberales pastranistas, más los recién convertidos (lentejos o colaboracionistas). Los animó en su origen la bronca visceral con el samper-serpismo, pero en los más sólo había voluntad participativa: participación en la nómina, participación en el presupuesto a cambio de respaldo a las iniciativas gubernamentales.

No es extraño entonces que se repitieran los efectos de siempre. El estado convertido en botín de quien lo controla y la política en el proceso por el cual se accede al control del estado-botín. De donde las virtudes del buen político son la rapacidad y el cinismo. Fueron estos los conceptos y la ética que se evidenciaron en las dos últimas mesas del Congreso, dominadas por la coalición gobernante, la misma que se había erigido para superar la inmoralidad de la anterior administración.

Acaso, la verdad de la reforma era la revocatoria del mandato de los congresistas y el llamado a nuevas elecciones. Un llamado a barajar y volver a dar.

Cogido el presidente de la Cámara con las manos en la masa, quiso el presidente Pastrana hacer de esta coyuntura la oportunidad para fortalecerse. Buscaba aprovechar la mezcla de cansancio y fastidio que predominaban en la opinión pública y para ello, en una maniobra que creyó fulminante, se jugó su fuerza en el Congreso. Se trataba de convocar al constituyente primario para que mediante un referendo reestructurara la forma de hacer política.

Lo cierto es que la legitimación del estado colombiano es un faltante decisivo a la hora de enfrentar los grandes problemas nacionales, tanto la guerra como la paz, la pobreza como el atraso. Un faltante que no pudo ser saldado por la Constitución de 1991, que lo quiso enfrentar, valga reconocerlo. Sin embargo, en cuanto la nueva Carta no significaba una modificación verdadera de la relaciones de poder, pronto se vio renacer en el nuevo país los viejos vicios del clientelismo y la corrupción encarnados en los mismos personajes de la clase política.

La coyuntura del 2.000 volvía a poner al orden del día el mismo desafío, encarado esta vez por alguien que tiene más que una concepción del estado y la política, un desarrollado sentido de la oportunidad. Se retomaban un conjunto de lugares comunes, régimen de incompatibilidades e inhabilidades, restructuración del régimen electoral y de partidos, de los concejos, fin de la asambleas, voto obligatorio, etc., etc. Acaso, la verdad de la reforma era la revocatoria del mandato de los congresistas y el llamado a nuevas elecciones. Un llamado a barajar y volver a dar.

Algunos asumieron la situación como un terremoto político. Renació el ánimo transformador en algunos. Había un panorama propicio para nuevas dinámicas y para propuestas originales. Empero, la clase política no había sido derrotada, apenas si la habían zaherido con las puyas del escarnio, pero mantenía incólume su fuerza.

La contraofensiva de la clase política liberal --con el apoyo tácito de buena parte de la representación conservadora-- fue contundente. Lo primero fue renunciar al monopolio de la corrupción y señalar cómo la corrupción rondaba las oficinas cercanas al despacho presidencial. Los deslices del secretario del presidente se sumaban a los de Dragacol y del exministro Araújo, entre otros. El presidente objetor carecía de autoridad moral para demandar la revocatoria del Congreso. En consecuencia este podía también exigir la revocatoria del presidente. Era el temido choque de trenes.

El segundo paso fue ir por la cabeza del ministro del Interior. Mal querido por muchos por su capacidad de adaptación, se le atribuyó --no sin fundamento-- la responsabilidad del referendo y lo que era peor, de la saña antiparlamentaria. La posición del ministro Martínez Neira parecía sólida. El presidente había proclamado su decisión de ir hasta el final. Aún más pretendía que el texto de la consulta debía ser aprobado sin que se le tocara una coma. Las encuestas mostraban una opinión absolutamente favorable a la transformación en curso. Pero el ministro, pese a todo y a sus seguridades, era apenas un fusible, desechable en la medida en que se recalentara la situación. La representación liberal se propuso estrenar, por fin, el recurso de la censura. El desenlace: el ministro Martínez Neira fue renunciado.

lo peor es que ha renacido el espíritu de Frente Nacional, con todo y los acuerdos palaciegos, las componendas por las cúpulas y el odioso clima de la exclusión.

El tercer recurso fue el definitivo. El Congreso no solo podía afectar el texto a ser sometido a referendo. El Congreso también disponía de la facultad de cerrar el paso a las reformas (tributaria, laboral, fiscal) que exige el Fondo Monetario Internacional. Mal podía el gobierno demandar del congreso que habría de ser revocado, la aprobación urgente del paquete al que el gobierno se había comprometido. El liberalismo saltó entonces con el recurso del referendo social. No se podía quedar el país con una reforma de la política sino que era necesario dar solución al problema del desempleo y no se decía otra cosa que empleo, empleo.

Le ocurrió al presidente Pastrana lo de quien fue por lana y volvió trasquilado. En casi tres meses de debate público, el relegitimador salió deslegitimado; quien buscaba fortalecerse salió debilitado. Ahora el referendo era también el recurso para evidenciar el carácter antisocial de su política económica.

Aparecieron entonces los salvadores: el expresidente Turbay se reanimó para cumplir con otra de sus tareas patrióticas. El expresidente Gaviria fue invitado junto con sus principales seguidores (De la Calle, Valdivieso, Giraldo) a salvar la situación. Hasta hubo espacio para el expresidente López quien fungió de buen componedor.

La aventura reformista terminó en el fortalecimiento de todo lo que quería combatir. El Congreso se reencauchó como pieza clave para el cumplimento de los compromisos con el FMI. El presidente Pastrana está cercado ahora por las fuerzas más atrasadas del liberalismo, entre otros, los que hicieron de la guerra su negocio en la época de la guerra integral; los mismos que convirtieron los bienes públicos en su propio interés mediante las privatizaciones; los mismos que borraron del estado todo rastro de política social. Pero acaso lo peor es que ha renacido el espíritu de Frente Nacional, con todo y los acuerdos palaciegos, las componendas por las cúpulas y el odioso clima de la exclusión.




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