Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz "Es de todo@s, todo el tiempo... es la paz"
Boletín número 1 junio de 2.000

Presentación
Advertencia Necesaria


Otra vez los acuerdos por arriba
La escena política se ha reestructurado luego de los amagos de referendo, deviniendo en un escenario adverso para la paz.



Nuestra última desventura
El Plan Colombia está llamado a incrementar la guerra y a traer mayor desolación a nuestro país


La razón del sobresalto
La especulación ha servido para asegurar el ajuste a pesar de las turbulencias políticas


En blanco y negro
Cuando ya la Administración Pastrana entra en su segunda mitad, conviene evaluar el proceso de paz. Lo que sigue es apenas una invitación a que cada uno haga su propio balance


     

EN BLANCO Y NEGRO

Cuando ya la Administración Pastrana entra en su segunda mitad, conviene evaluar el proceso de paz. Lo que sigue es apenas una invitación a que cada uno haga su propio balance.

Solo hasta finales de abril, aceptó el presidente Pastrana la renuncia del Alto Comisionado para la Paz, Victor G. Ricardo. Cuarenta y cinco días estuvo madurando la aceptación de esta renuncia. El nuevo comisionado es Camilo Gómez quien viene de la secretaría privada de la Presidencia y ya ha participado en el proceso de diálogo y negociación. Un poco antes se había reforzado la comisión negociadora, con el ingreso de monseñor Alberto Giraldo, arzobispo de Medellín; otro Giraldo, Luis Guillermo, liberal de Manizales y Alfonso López Caballero. Tales cambios permiten hacer un breve balance de lo que ha sido la política de paz en esta primera parte de la Administración Pastrana.

Entre los principales logros de este período contamos:

  • El establecimiento de una zona de despeje con las Farc. Importante factor de confianza.
  • El acuerdo de una agenda de diálogo y negociación y un procedimiento para evacuarla.
  • Mediante el mecanismo de las audiencias, el proceso empieza a bajar de la cumbre al llano.
  • Se ha logrado superar coyunturas difíciles lo que indica la actitud madura de las partes. (Batallón Cazadores, inasistencia de Marulanda a la inauguración de la mesa de diálogo, asesinato de los tres indigenistas, la crisis del collar bomba, etc.)
  • Se ha comenzado a hablar de un posible cese multilateral al fuego.

Entre las principales falencias de este período tenemos:

  • La política de paz tiene un desarrollo demasiado centrado en la figura del presidente y en quien este delegue. La paz no se estructura como iniciativa de estado, en la que se integran todas las fuerzas políticas y sociales. Lo que se expresa en la marginación de importantes sectores de opinión y del mismo estado.
  • Se ha tenido un tratamiento diferencial a otras fuerzas insurgentes distintas a las Farc.
  • El paramilitarismo no ha sido enfrentado y, por el contrario, se le han dado largas, acaso porque se lo considera recurso para planes de acción contingentes.
  • La participación de la sociedad civil en el proceso de diálogo y negociación aún no es satisfactoria. La presencia en las audiencias se entiende sólo como un complemento del diálogo cupular. No se ha integrado a la universidad a la formulación de propuestas y alternativas.
  • No se avanza en la discusión de derechos humanos y derecho internacional humanitario y menos en la concreción de compromisos en este campo.

Un actor privilegiado de este período son las Farc. Curtidos en los procesos de diálogo, en esta ocasión capitalizan el papel jugado en el proceso electoral y las dificultades del estado en este período.

Entre sus aciertos en estos dos primeros años tenemos:

  • La firmeza para preservar la posibilidad de la zona de despeje y la mesa de diálogo como escenarios de paz.
  • Han conformado un grupo de negociadores que da la imagen de seriedad y responsabilidad.
  • Con el Movimiento Bolivariano pueden encontrar el espacio adecuado para integrar la negociación con dinámicas políticas complementarias.
  • Han planteado iniciativas en relación con una posible tregua.

Entre sus desaciertos encontramos:

  • Una cierta arrogancia producto de sobrevalorar fortalezas militares, lo que ha redundado en maltrato de otras fuerzas, en la zona de despeje y por fuera de ella.
  • La imprudencia e incontinencia verbal de algunos de sus voceros, que propician la incomprensión e incluso la tergiversación de sus posiciones.
  • La imposibilidad de ofrecer pasos positivos en materia de derecho internacional humanitario.
  • La ausencia de iniciativas políticas frente a la situación de la gente. Pareciera ser que se entiende que es la gente la que debe estar en función de su estrategia militar.

El ELN ha sido el gran relegado en este período. Además de enfrentar la indiferencia oficial han soportado la andanada del paramilitarismo en sus zonas de influencia.

Señalamos entre sus aciertos:

  • Persistir en la búsqueda de un espacio de encuentro con la sociedad civil, pese a las circunstancias adversas.
  • Preservar y desarrollar canales de interlocución con diversos sectores de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional.
  • Contar con una estrategia de paz en la que cuenta el protagonismo de la sociedad civil como aspecto central.
  • Frente a las manifestaciones de oposición a la zona de encuentro, ha habido una actitud inteligente de evitar la confrontación siquiera verbal, a la espera paciente de la resolución de este tropiezo.

Entre sus desaciertos ubicamos:

  • En ocasiones parece que los mandos del ELN quisieran enfrentar su situación de manera errática, como dando palos de ciego.
  • No han aprovechado suficientemente la ventaja comparativa de centrar su esfuerzo en lo político, para lo cual han faltado iniciativas.
  • Además de su planteamiento general sobre los acuerdos con la sociedad civil, para su interlocución con esta requieren de un discurso más programático en materia de paz.

En principio, este período de negociación debía ser el agosto de las organizaciones de paz: su gran oportunidad o el mejor contexto para el desarrollo de sus propósitos. No ha sido así sin embargo. Han carecido de iniciativa para integrarse de manera activa en el debate de la estrategia de paz, de la agenda y en la resolución de los impasses del proceso. Otros sectores han tenido más audacia para movilizar poblaciones en función de sus particulares pretensiones. En temas como el Plan Colombia, la respuesta no ha estado a la altura de las circunstancias.

Con todo, las organizaciones de paz son fuerzas y capacidades que ha construido con esfuerzo la sociedad colombiana y que están llamadas a jugar un papel decisivo. Para ello urge que cada una de estas formaciones enfrente las razones de su desajuste frente a la situación y que en lo posible se encuentren cursos de acción compartidos.

De conjunto, el proceso de paz ha mostrado en este período sus debilidades y posibilidades. Hay fuerzas poderosas que lo obstaculizan, que quisieran cerrarle el curso. No es solo un discurso adverso, son acciones nefastas como el infame collar-bomba que cegó la vida de doña Ana Elvia Cortés. Tal provocación apuntaba a una reacción descalificadora, lo que estuvo a punto de suceder. Proteger el proceso implica una estrategia efectiva que neutralice las maniobras de sus enemigos.

Para tal efecto, se requiere una mejor información de lo que se discute en los diferentes escenarios de diálogo. Una información que motive deliberación en todos los sectores sociales y valoración positiva de su significado. Algo más que la notas frívolas tipo Teléfono Rosa.

La crisis dentro del estado y las dificultades en la economía no son el mejor contexto para avanzar en un proceso de paz consistente y sostenible. Quizás nos esperen trechos difíciles. Si la implementación del Plan Colombia escala la confrontación como es de prever, solo una amplia movilización ciudadana puede contener las dinámicas belicistas. Para entonces se requiere que las organizaciones de paz estén en su mejor momento.




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