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Presentación Advertencia Necesaria Otra vez los acuerdos por arriba La escena política se ha reestructurado luego de los amagos de referendo, deviniendo en un escenario adverso para la paz. Nuestra última desventura El Plan Colombia está llamado a incrementar la guerra y a traer mayor desolación a nuestro país La razón del sobresalto La especulación ha servido para asegurar el ajuste a pesar de las turbulencias políticas En blanco y negro Cuando ya la Administración Pastrana entra en su segunda mitad, conviene evaluar el proceso de paz. Lo que sigue es apenas una invitación a que cada uno haga su propio balance |
NUESTRA ULTIMA DESVENTURAEl Plan Colombia está llamado a incrementar la guerra y a traer mayor desolación a nuestro país. En estos días, la diplomacia colombiana ha estado muy entretenida con el llamado "Plan Colombia: plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado". Con viveza y torpeza, el gobierno de Pastrana ha argumentado según el interlocutor. Frente a Estados Unidos, que es el discurso más cercano a las verdaderas intenciones, se trata de la guerra al narcotráfico confundida en el horizonte con la guerra contrainsurgente. Frente a Europa las prioridades son otras, se trata entonces de buscar la paz y fortalecer la democracia. Mucha gente en el país y fuera de él mira esta propuesta con preocupación. Se preguntan por ejemplo, si tiene en cuenta los problemas reales de Colombia y su gente. Si va a ser solución para los problemas que plantea resolver, o si va a ser un remedio peor que la enfermedad. Los males suelen venir acompañados. Colombia está hoy afectada por una conjunción de desventuras. Una de ellas puede ser el llamado Plan Colombia. Prometiendo la paz y la prosperidad, el plan contempla un generoso componente militar, que sin ser formalmente el mayoritario, sí será el que articule el conjunto de las dinámicas que desate el Plan. En principio, este refuerzo bélico se orienta a una mayor eficacia en la lucha contra las drogas. Sin embargo, las áreas en las que se van a intervenir, son las del sur, donde la influencia guerrillera es más notoria, mientras que deja para otro día --el de san Blando, que no tiene cuando-- atacar las áreas donde el cultivo viene siendo controlado por la autodefensas. En este punto el observador debe preguntarse a qué efectivamente apunta el Plan. Y si más que un Plan para la paz, es un dispositivo para escalar la confrontación. En el ya señalado juego de argumentar según el interlocutor, el componente militar ha desaparecido de la última versión presentada a los gobiernos europeos. Ahora se presenta como es un conjunto de inversiones sociales. De manera que aparece un componente malo, la ayuda bilateral norteamericana; mientras que hay uno bueno, que es el de la colaboración europea para la paz. La verdad es que las dos partes son inseparables, porque después de todo, será la guerra el proceso que marque la pauta. (Ver recuadro) Pero, aceptemos en gracia a la discusión que se busca efectivamente atacar al narcotráfico. La estrategia pretende afectar el comienzo de la cadena, esto es a los campesinos cultivadores de coca y amapola, dejando intactos a los grandes capitales que se lucran en el comercio de los precursores y el tráfico de cocaína y heroína. Habría que preguntarse, de otra parte, qué ha pasado con las experiencias recientes en esta materia. En el año 97, el gobierno de Samper se dio a la fumigación de extensas zonas en el Guaviare, Caquetá y Putumayo. Este ejercicio desató una amplia movilización campesina que fue reprimida sin compasión por la fuerza pública. Los resultados están a la vista: el tráfico disminuyó en un período muy breve; en el mediano plazo, empero, los cultivos se extendieron selva adentro, en áreas que hasta ahora no habían sido tocadas por nadie. Acaso fue la insurgencia la que resultó ganadora en esta ocasión que capitalizó la inconformidad de raspachines y campesinos.
Esta estrategia ya fracasada desconoce la causa social de los cultivos ilícitos. La expulsión sistemática de campesinos sin otra alternativa que recomponerse en las áreas de colonización es el fruto de la irresolución del problema agrario. Abandonados en las zonas de colonización, lejos de los centros de consumo, al borde de la inviabilidad como productores, los colonos han encontrado en los cultivos ilícitos su salvación. Esto explica que frente al hostigamiento se internen en la selva para mantener los cultivos ilegales. Lo que no significa sino el avance hacia el fin irremediable de la Amazonía. En este sentido, es de prever que el Plan Colombia lejos de producir la disminución de los cultivos ilícitos llevará al incremento de las áreas sembradas con un incalculable daño ecológico. Pero, no es solo esto. En sí mismo el plan contempla violaciones a los derechos humanos. El Plan prevé con cinismo asistir humanitariamente ciento cincuenta mil desplazados. Prevé con desfachatez la fumigación y el empleo de control biológico contra las áreas cocaleras, lo que sin duda afectará los medios de subsistencia de las familias campesinas, de lo que ya existen experiencias en nuestro país. Si bien hay algunos millones de dólares dedicados a la difusión de los derechos humanos, lo cierto es que en el diagnóstico de la situación se desconoce el papel y la responsabilidad del estado colombiano en las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, el avance del paramilitarismo y la impunidad. El Plan Colombia se constituye entonces en premio para un estado que es ejemplo de desatención de las recomendaciones de la comunidad internacional en materia de derechos humanos. Un premio además a una clase política corrupta que otra vez hará de la ayuda humanitaria una ocasión para su enriquecimiento como ha pasado en otros desastres. Como está concebido el plan, lejos de significar el fortalecimiento de la democracia, va a entregar más recursos para afianzar a la clase política tradicional con su secuela de corrupción, irracionalidad y autoritarismo. Pese al impetuoso esfuerzo diplomático del gobierno, en el exterior no las tiene todas consigo. La ayuda militar viene siendo condicionada al respeto a los derechos humanos y su curso no ha sido tan ágil como quisieran. Hay sectores adversos a esta aventura tanto en la opinión pública como en el Congreso norteamericano. Este fenómeno se repite en Europa, donde hay gobiernos abiertamente hostiles al Plan Colombia, otros que plantean serias reservas y otros que se inclinan por establecer condicionalidades. Apenas si Inglaterra con Blair a la cabeza y la España de Aznar se encuentran abiertamente comprometidos en acompañar a los EEUU en el empeño de concretar el plan Colombia. Acaso los seduce la posibilidad de participar en el reparto de los recursos naturales que ofrece generoso el gobierno colombiano bajo el eufemismo de las «facilidades para la inversión extranjera». Hay que reconocer que los partidarios de la paz no hemos sido particularmente acuciosos y oportunos en explicar a la opinión pública y los representantes políticos de Norteamérica y Europa lo que se juega con el Plan Colombia en nuestro país. Aquí también se ha evidenciado la dificultad para construir entendimientos compartidos y voluntades para la acción conjunta. Seguimos jugando con irresponsabilidad a los particularismos y a las pequeñas ventajas. Actitud que contrasta con el esfuerzo denodado de nuestros amigos en el extranjero que han estado comprometidos de manera admirable en el trabajo de cabildeo e incidencia respecto al Plan. Mayor será nuestra desgracia si el acceso a los recursos del Plan Colombia nos divide entre quienes no ven problemas en recibirlos y quienes se nieguen a ello por razones éticas, que no puede uno pregonar estar con la paz y participar de la bolsa que está financiando la guerra. Como sería aún peor espectáculo, ver a los amigos de la paz pujando por hacerse a la mejor tajada del plan de la guerra. No sabemos en qué vaya a concluir este primer momento del plan. Su duración total está prevista para seis años. ¿Se repetirá el drama de Kosovo donde primero volaban los aviones norteamericanos repartiendo bombas por todas partes y luego llegaron los camiones de la Unión Europea entregando frazadas y alimentos para las víctimas de los bombardeos? |
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