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Presentación Advertencia Necesaria Otra vez los acuerdos por arriba La escena política se ha reestructurado luego de los amagos de referendo, deviniendo en un escenario adverso para la paz. Nuestra última desventura El Plan Colombia está llamado a incrementar la guerra y a traer mayor desolación a nuestro país La razón del sobresalto La especulación ha servido para asegurar el ajuste a pesar de las turbulencias políticas En blanco y negro Cuando ya la Administración Pastrana entra en su segunda mitad, conviene evaluar el proceso de paz. Lo que sigue es apenas una invitación a que cada uno haga su propio balance |
LA RAZON DEL SOBRESALTOLa especulación ha servido para asegurar el ajuste a pesar de las turbulencias políticas. La crisis política, según se dice, creó una crisis económica. El argumento es simple: La economía colombiana venía ya en un proceso de recuperación. Para fortalecerlo era necesario llevar a cabo las reformas exigidas por el FMI. La propuesta presidencial de referendo, que incluía la revocatoria del Congreso, y la consiguiente reacción del Partido Liberal crearon un clima de catástrofe que detuvo la reanimación de las inversiones nacionales y extranjeras. Especialmente el posible flujo de financiación externa. Según las agencias internacionales de evaluación, el riesgo del país habría aumentado. El signo visible de la inestabilidad sería el súbito incremento de la tasa de cambio en el último mes. Pese a su lógica aparente, el argumento es deleznable. Ni las premisas ni las conclusiones resultan convincentes. Aunque hay una relación obvia entre política y economía, es posible encontrar otras conexiones y causalidades. La inestabilidad financiera de las últimas semanas requiere de otras explicaciones.
El sentido de la llamada recuperación es del todo discutible. Según el fabricante oficial de verdades empíricas, Planeación Nacional, el PIB habría crecido 2.6%, explicable en lo fundamental por el crecimiento de la industria manufacturera y el comercio. Pero, aún aceptando la validez de las cifras, lo cierto es que si el PIB en el mismo período del año anterior había disminuido alrededor del 6% el resultado no es halagador. Se trata, cuando más, de una reanimación; de una mayor utilización de la capacidad instalada anteriormente subutilizada. Por eso no sorprende que el desempleo urbano abierto haya ascendido en el mismo período a 20.2%. Y no es que el impacto favorable en la creación de puestos de trabajo se demore todavía un poco más. La construcción, por ejemplo, continúa en crisis. Para no hablar de la dramática situación en que se mantiene el sector agropecuario. Así las cosas, esta llamada recuperación era y es de por sí inestable. No es claro que se hayan reanimado las inversiones productivas; lo único visible es la nueva participación extranjera en las sociedades de los grandes grupos económicos, la cual corresponde por parte de éstos, a una estrategia de recapitalización y aseguramiento. En cambio, se sabe, por ejemplo, que la utilización de créditos nuevos (distintos de refinanciación) por parte de los empresarios ha sido mínima, pese a la reducción de las tasas de interés. Pero nada se dice del desplome del mercado interno cuya recuperación sería la única posibilidad de continuidad en la reanimación del sector productivo. Porque, en lo que se refiere a las exportaciones, es evidente que los éxitos registrados por Planeación Nacional corresponden en su mayor parte al aumento en los precios del petróleo. No obstante, el consenso entre gobierno, economistas y medios de comunicación, insiste en que la continuidad de la recuperación depende de un sólo factor: el ajuste fiscal. Y éste, a su vez, de los proyectos de reforma ordenados por el FMI. En particular de la reforma pensional (en realidad un mecanismo para asegurar la rentabilidad de los fondos privados) y de la reducción de las transferencias a las entidades territoriales (otro golpe al esquema vigente de descentralización). El dogma del ajuste fiscal ha sido ya controvertido en todo el mundo. Sus aparentes virtudes se reducen a la estabilidad monetaria y en el nivel de precios que se supone es la madre de todas las estabilidades. Pero debe aceptarse, por lo menos, que ni en el corto ni en el mediano plazo la estabilidad de por sí garantiza una recuperación de la producción. Dependería de un supuesto aún no comprobado, esto es, que se incrementen las inversiones en el sector real de la economía. En cambio, es cierto que la estabilidad y directamente el ajuste fiscal se constituyen en una garantía del pago cumplido de la deuda (y su servicio), tanto la externa como la interna. Como se sabe, el peso del servicio de las deudas es abrumador en el conjunto del gasto publico. Realmente esto es lo único que interesa. He ahí la explicación de la llamada desestabilización reciente de la economía: El temor de que se aplazara por mucho tiempo la aprobación de las reformas. No por las razones aparentes (la recuperación) sino por las más efectivas del cumplimiento en el pago de la deuda. El frente neoliberal se dividió entonces entre quienes veían la gran oportunidad para amarrar el Congreso por la vía demagógica de atacar la clase política y quienes preferían asegurar las reformas por la vía pragmática de comprarla. Como se vio, ganaron estos últimos. No sin el apoyo de agentes externos. En efecto, la desestabilización provino de la especulación contra el dólar. Y la especulación no es un resultado de las fuerzas impersonales del mercado sino por el contrario una causa: la acción deliberada de poderosos agentes del capital nacional y sobre todo extranjero. Lo más probable es que se tratara de asegurar, por encima de referendos y escaramuzas politiqueras, el cumplimiento de la estrategia de ajuste. El triunfador es el consenso -con todo y "oposición" liberal- el cual se reduce a un único imperativo: tenemos que hacer las reformas para asegurar, supuestamente, la recuperación económica. Llama la atención, en todo caso, la extrema vulnerabilidad del país frente a la especulación. Sin duda es un resultado del modelo económico vigente. Desde hace muchos años y en todos los tonos se nos ha dicho que el futuro del país depende del capital extranjero. Ya sea por la vía de las inversiones (en la práctica, fundamentalmente, las privatizaciones), por el crédito (privado, de la banca multilateral, o a través de los bonos en el exterior), por los flujos de corto plazo o por la cooperación internacional (Plan Colombia). Lo más grave es que el enfoque es puramente financiero y hasta monetario, podría decirse. En los hechos, la estabilidad económica ha dependido en buena parte de los flujos de capital de corto plazo o volátiles. Bastante nos ha costado, en este campo, la intervención "autónoma" del Banco de la República. Pero, además, lo cierto es que ya la deuda externa es enorme. Cada vez se necesitan más incentivos para contratar nuevos créditos y para rentabilizar los bonos en el exterior. Los condicionamientos son cada vez peores y mayor la susceptibilidad de los prestamistas y especuladores. El margen de política económica es por lo tanto menor. Y así aparece como restricción del mercado, de la economía globalizada, lo que no es mas que un chantaje buscado y consentido. Al mismo tiempo y como correlato se ha venido incrementando la deuda interna. ¿Cómo puede hablarse de recuperación de las inversiones productivas cuando hoy la mejor asignación de los recursos financieros está en los Títulos de Tesorería (TES) que ofrecen la mejor rentabilidad a corto y mediano plazo (salvo, transitoriamente, los dólares)?. Estos recursos de la deuda interna terminan, después de cumplir sus funciones de liquidez y estabilidad monetaria, respaldando, convertidos en dólares, el servicio de la deuda externa. El circulo vicioso es completo. La deuda interna, a su vez, debe servirse. El gasto público queda cada vez más comprometido, en desmedro de otros rubros, especialmente los sociales. El ajuste fiscal nunca terminará. Esta es otra, entre las varias razones, para que el proceso de negociación del conflicto armado penda siempre de un hilo. Mientras del lado del gobierno, y en general del establecimiento, no se asuma la inevitabilidad de unas reformas económicas y sociales de fondo, la oferta para la insurgencia, en este terreno, no pasará de gasto público social. Pero el margen disponible en el gasto público es cada vez menor. Y otra vez se aspira a que el recurso provenga del exterior. Ojalá de donaciones. El mismo expediente para la guerra que para la paz. Frente a la insurgencia y frente a los cultivos ilícitos. El "Plan Colombia" simple y ampliado. |