Número 2

Junio-Julio de 2000

 

Nada está definido

Contra el aspaviento del Gobierno el Plan Colombia aún tiene elementos fundamentales por precisar. Un vacío que es un campo de contienda.

El momento culminante iba a ser en Madrid, el seis y siete de julio. Se había acordado que allí se reuniera la Mesa de Donantes, llamada con mayor decoro Mesa de Aportantes, y a la postre Reunión del Grupo de Apoyo al Proceso de Paz.

¿Hay algo detrás de un nombre? En este caso la pregunta tiene sentido, que no es producto de la casualidad, ni es absolutamente arbitrario que sea de una u otra manera.

Después de lo ocurrido en Londres, los asesores del gobierno ya sabían que los cuestionamientos formulados al Plan Colombia empezaban a ser compartidos en los escenarios de Europa. En una de nuestras vivezas que suponen tontos a los demás, decidieron hacer perdedizo el Plan. Todo había sido un lamentable error. Un funcionario empezó a acumular todo bajo un mismo rótulo: ayuda militar, crédito, bonos de paz, cooperación para el desarrollo, todo lo imaginable. Así habría nacido el Plan Colombia. Ahora, había que distinguir entre la ayuda bilateral norteamericana –mala, pues es para la guerra--, y la ayuda para el desarrollo --que es buena y proviene de otras fuentes.

La cita en Madrid sería para este segundo tipo de ayuda. Por esto, la reunión terminó en grupo de apoyo al proceso de paz.

La oposición se mueve

Fue un hecho notorio que reaccionaron con mayor presteza los amigos de Colombia en el extranjero que los mismos colombianos. Mientras en Europa y EE.UU. las ONG iniciaban una compleja operación de denuncia y cabildeo en torno al Plan Colombia, acá no atinábamos a definir un comportamiento eficiente.

Las semanas pasaban y ya venía la reunión de Londres. De Europa se exigía una voz, alguna voz en torno al Plan. Ante la presión se convocó una reunión para analizar esta exigencia. El resultado fue prodigioso. Llegaron organizaciones sociales, ONG ambientalistas de desarrollo; las diferentes coordinaciones de derechos humanos y de paz. Era evidente que había interés y urgencia de expresarse.

Producto de esta dinámica se invitó un debate público sobre el plan en la Biblioteca Luis Angel Arango en el que intervinieran los mejores expertos. La convocatoria era apretada pues solo había cinco días, cruzados por un fin de semana. De nuevo, la respuesta fue sorprendente. Sin mayor ayuda de medios se logró una asistencia cualificada que discutió todo el día las principales líneas que estructuran la propuesta del gobierno. De estas discusiones salió la declaraciónPlan Colombia para la paz no para la guerra,que fórmula una concisa crítica de conjunto.

Las repercusiones de esta declaración fueron insospechadas. Para los colombianos en España fue un estímulo para retomar la iniciativa, les parecía que en Colombia algo empezaba a cambiar. El senador Paul D. Wellstone utilizó en la discusión sobre los derechos humanos en Colombia la declaración del 31 de mayo, por lo que quedó en los registros oficiales del Congreso de los EE.UU.. Otro tanto ocurría con las ONG y agencias internacionales que encontraron en este documento un valioso apoyo.

El ministro Cardenas días antes de la reunión en Madrid, convocó de urgencia una reunión con las ONGs y las iniciativas de Paz con el cuerpo diplomático, en la que se propuso una concertación. La respuesta de la sociedad civil fue clara "queremos concertar, si, pero la reunión de Costa Rica para redefinir el Plan Colombia y el congelamiento del componente militar y las fumigaciones del foxarium Oxisporum, lo mismo que la corresponsabilidad internacional en el problema de las drogas. Los embajadores, en particular Francia y España solicitaron que se tenga en cuenta lo que dice la sociedad Civil".

Quizá lo más importante de este proceso fue la conformación de un espacio amplio en función de definir una posición y una actitud frente al Plan. A partir de él fue posible asumir el desafío de preparar la Mesa Alterna a la reunión del Grupo de Apoyo al Proceso de Paz. En una discusión --que a diferencia de otras ocasiones no debió cruzar el mar de las tormentas--, nos unificamos en la idea de proponer la Conferencia de Costa Rica como un espacio para consensuar qué ayuda requiere Colombia en este período y como una manera de dar proyección a una intervención de la sociedad a favor de la paz y no de la guerra. Tal era la propuesta que debería llevarse a la Mesa Alterna de Madrid y a la misma mesa de los gobiernos.

El 5 de julio se reunió la Mesa Alterna. A ella acudieron delegados de agencias de cooperación, académicos y personalidades políticas, colombianos residentes en el exterior, activistas de la solidaridad, ambientalistas, procedentes de nueve países de Europa. 150 personas se encontraron para reflexionar sobre el Plan Colombia y sus implicaciones. La propuesta de Costa Rica fue ampliamente discutida y unánimemente aceptada; se la consideraba un "escenario imprescindible de participación, concertación e interlocución entre el gobierno colombiano, la insurgencia, los diversos actores de la sociedad colombiana y la comunidad internacional para encontrar soluciones al conflicto social y armado para construir una paz estable, integral y duradera", al tiempo en Colombia un grupo de organizaciones hacían una vigilia de 24 horas frente a la Embajada de la Unión Europea y en Ecuador las organizaciones de derechos humanos y ambientalistas se tomaron la Embajada de Colombia.

El 6 de julio se hizo público el comunicado de la Mesa Alterna que habían organizado las centrales colombianas junto con sus pares de Europa. Allí también se ratificaba la necesidad de un escenario como la Conferencia de Costa Rica.

El Plan Colombia tenía una virtud indudable: unía a todo el mundo en su contra. Pero también creaba la urgencia de una convergencia que expresara en términos positivos una alternativa al Plan. Y era este precisamente el secreto del ángel de la iniciativa de la Conferencia Internacional.

El fiasco del gobierno

El 7 de julio se llevó a cabo la reunión del Grupo de Apoyo al Proceso de Paz. Como nunca, el gobierno colombiano se la jugó a fondo. Hasta el señor Javier Solana puso su prestigio al servicio del gobierno colombiano. Una semana antes había venido al país a examinar la situación para poder llevar a Madrid su opinión de experto en temas colombianos.

Allí presentaron los delegados de la sociedad civil colombiana la propuesta de la Conferencia. Fueron discursos oídos con atención por los representantes de los gobiernos. Había también una que otra organización deseosa de meter la mano en la bolsa del Plan y que sin elegancia manifestaba su pretensión.

El gobierno llenó los titulares de la prensa y los noticieros de televisión con sus cuentas alegres. El encuentro había entregado US$871 millones para el Plan Colombia y creado una Comisión Especial de Seguimiento a los proyectos.

La verdad era bien otra. Fuera de España, que dijo entregar US$100 millones para el Plan Colombia, las ayudas o eran para el proceso de paz, como la Noruega, o ayudas que ya venían por otros carriles, como los créditos blandos japoneses, la ayuda de la banca multilateral o la misma de los Estados Unidos que no estaba en las cuentas de esta reunión.

La realidad de las cosas se establece en el mismo comunicado de la agencia oficial, donde se afirma que "los países de la Unión Europea concretarán sus compromisos con el Plan Colombia, una vez hayan surtido consultas internas con sus gobiernos". Lo que sin duda deberá consultarse es si efectivamente el gobierno colombiano ha lavado el pecado original de la ausencia de consulta a la sociedad colombiana.

Sorprende a algunos el que la declaración final de la mesa de los gobiernos no hable de la Conferencia de Costa Rica. Esta ausencia, ciertamente, no se corresponde con las expectativas creadas. Pero la verdad es era tema de la reunión, por lo que su trámite debe seguir otros conductos.

Hoy sabemos que se han manifestado frente a la conferencia de Costa Rica tanto el Secretario General de Naciones Unidas, quien dijo apoyarla. Igualmente, el gobierno de Costa Rica, ha expresado su voluntad de colaboración. El reciente encuentro del Frente Social y Político se expresó positivamente frente a la iniciativa, que habrá de cumplirse el próximo 17, 18 y 19 de octubre.


Plan Colombia en Europa
30 enero

El presidente español, José María Aznar, se comprometió a convocar a los miembros de la Unión Europea para que participaran en una denominada mesa de donantes y aportantes para el Plan Colombia. Se esperaba recoger US$1.400 millones.

3 de febrero

Se hizo público el cronograma de la Mesa de Aportantes, se incluyó la participación en este evento de la banca multilateral (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Banco Interamericano de Desarrollo), así como de agencias de Naciones Unidas.
17 febrero Funcionarios del gobierno colombiano viajaron a Europa a presentar los proyectos de "desarrollo alternativo y atención a las víctimas de la violencia", incluidos en el Plan Colombia.
14 abril El Reino Unido manifestó su apoyo al Plan Colombia y a la lucha antidrogas. El gobierno británico se ofreció para preparar una reunión previa al encuentro de Madrid del 6 de julio.
6-7 de junio Reunión consultiva de expertos en Ginebra, como preparación para la mesa de aportantes de Madrid.
19-21 de junio Se celebró en Londres la reunión preparatoria para la Mesa de Aportantes. Se hizo evidente el escepticismo de importantes miembros de la Unión Europea, entre los que destacaron el gobierno de los Países Bajos, Francia y República Federal Alemana. El BID y el Banco Mundial aprobaron créditos por valor de US$300 millones.
28 de junio Visitó a Colombia Javier Solana, Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea.
5-6 julio Se celebróMesas Alternativas.Una fue convocada por más de 50 organizaciones colombianas y europeas. Otra fue impulsada por el movimiento sindical internacional en solidaridad con los trabajadores colombianos. Una y otra rechazaron el Plan Colombia y promovieron la Conferencia de Costa Rica.
7-8 de julio Se reunió la Mesa de Aportantes. Los resultados fueron presentados como un éxito por el gobierno colombiano. Se aprobó la creación de un Comité de Apoyo y Seguimiento a la aplicación de los recursos.
12 de julio del 2000 La Unión Europea hizo pública una declaración crítica con el Plan Colombia:"La UE considera, sin embargo, que el Plan Colombia tal como está presentado actualmente, debería estar orientado a dar un papel más importante a las reformas políticas, sociales y económicas que son objeto del proceso de paz". Se destaca igualmente la necesidad de un mayor compromiso en la lucha contra el paramilitarismo.
 
   
       

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