Londres:
Una Reunión Definitiva
Las cosas no surgen de improviso: Tienen origen y su gestación, a veces es larga. He aquí el nacimiento formal de la Conferencia de Costa Rica.
El 19 de junio se reunió en Londres la Conferencia Internacional sobre el Plan Colombia. Dicho evento fue una escala importante en el curso de esta iniciativa. Este escenario buscaba la mejor manera de apoyar al gobierno colombiano para «sacar adelante exitosamente un proceso de paz y para auxiliarlo a contrarrestar la producción y el tráfico de drogas ilegales, reducir los abusos contra los derechos humanos y el derecho internacional humanitario e impedir una mayor degradación medioambiental». Era un momento para la generación de un clima favorable a la Mesa de Aportantes o Donantes que habría de cumplirse un mes después.
Más que las conclusiones mismas, que no eran lo principal, interesa de esta reunión la forma como se fue estructurando el espectro de las posiciones y el sesgo particular que asumiría el juego entre ellas. Trataremos de presentar de manera sucinta las posiciones de los gobiernos asistentes, la argumentación del gobierno colombiano y el surgimiento de una propuesta que tomaría pista desde la sociedad civil.
Cómo se paran los gobiernos
Digamos de entrada que Colombia no es una pieza fundamental en el ajedrez de los países europeos. El interés norteamericano le da un cierto relieve en la actual coyuntura y su interés en intervenir en nuestros asuntos supone la mayor legitimación en el concierto internacional y en este sentido la aquiescencia de sus socios. Tal precisión es importante, a la hora de establecer hasta dónde estaría dispuesta Europa a enemistarse con los EE.UU., por causa de Colombia.
En segundo término, si bien las agencias de cooperación y las organizaciones de derechos humanos han sido adversas al Plan Colombia, nuestros problemas son desconocidos en Europa o asimilados de manera simplista a los líos de la droga y los carteles. A pesar de que las ONG son tenidas en cuenta por sus respectivos gobiernos, la verdad es que falta la presión de la opinión pública y el control de los partidos que de este interés puede derivar.
Establecidas estas premisas, veamos como se perfilaron las distintas posiciones:
En un extremo están quienes apoyan el Plan Colombia. España, Japón, Reino Unido, Canadá e Irlanda pueden agruparse en un mismo bloque así existan matices. Canadá, por ejemplo, reconoce que el Plan Colombia es imperfecto, que tiene problemas de contenido y de procedimiento, pero no por ello debe rechazárselo, por lo que lo apoya al tiempo que propone mejorarlo, en función de sus elementos positivos. Posición que comparte Irlanda.
Noruega, cuyo compromiso con el proceso de paz es cada día más evidente y multilateral, entiende que el Plan Colombia es importante, pero que debe abrirse más la compuerta de la participación de la sociedad civil y las ONG. Quizás un poco más declaradamente críticos, los representantes de Italia y Suecia se declaran en apoyo al proceso de paz, con serios cuestionamientos al Plan Colombia que no avanzan todavía a un pro o un contra. Dos asuntos les preocupan: la compatibilidad del Plan Colombia con el proceso de paz y la participación de la sociedad civil, en particular de las ONG. La posición de Francia es la de apoyar el proceso de paz y exigir que el Plan se modifique y mejore, incluyendo a todos los sectores de la sociedad civil; esta actitud se deriva de los aspectos controversiales del Plan y del rechazo surgido en las ONG de su país.
En el otro extremo, tendríamos las posiciones de Holanda, más propiamente Países Bajos, acompañada de Alemania. Les preocupa que la militarización del plan intensifique el conflicto. Tampoco les satisface el componente antinarcóticos por su apoyo en la fumigación y el énfasis en la opción de fuerza. Apostarían más por un fortalecimiento de la instituciones, los derechos humanos y la justicia. Pero sobre todo, demandan que el rediseño se dé en un ambiente participativo, pues primero hay que conseguir un acuerdo amplio en la sociedad colombiana.
Acaso como una posición insular y quizás la más típicamente europea, Bélgica no está ni en contra ni en favor del Plan Colombia. En su momento presentó 11 preguntas al gobierno sobre su plan y hasta la reunión de Londres no habían recibido respuesta. Hasta tanto no les respondan no fijarán posición.
Empezaban aquí a perfilarse las posiciones que serían predominantes en Madrid: exigencia de subsanar la tara de origen del Plan --la no consulta ni participación de la sociedad civil-- y apoyo al proceso de paz desatendiendo el componente militar --que correrá su propia suerte y en el que nadie pareciera comprometerse, excepto quien lo asume directa y abiertamente-- un apoyo que bien puede concretarse en las líneas sociales del Plan o al margen de este.
El juego gubernamental
En varias ocasiones intervino la representación del gobierno colombiano. En la inauguración el entonces director de Planeación, Mauricio Cárdenas, resaltó los aspectos de desarrollo del Plan. En su opinión era un capítulo más del Plan Nacional de Desarrollo, el cual, en su momento, había sido consultado con la sociedad civil --aseguró que "las ONG han estado al lado todo el tiempo", aunque precisó que no fue de manera suficiente.
Luego de las posiciones de los gobiernos y de las ONG invitadas, retomó la palabra la representación del gobierno colombiano. Reconoció el problema que padece Colombia en materia de derechos humanos y afirmó que el Plan Colombia lo enfrenta. En su concepto, ningún otro gobierno ha hecho más en este terreno. Nueve generales han sido retirados del servicio de modo que el presidente tiene la seguridad de que los comandantes militares respetan los derechos humanos. Pasó la ley de desaparición forzada, el código penal militar y se reformó el código de procedimiento penal. Se ha fortalecido el sistema judicial para luchar contra la impunidad. Hay una apertura a la comunidad internacional a través de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Terminó el señor Cárdenas proclamando que la principal guía del Plan Colombia ha sido la inclusión. Aseguró que hay espacio para la discusión franca con las ONG y prometió un proceso de convergencia. El superministro Jaime Ruiz reforzó lo anterior argumentando que la prueba de la especial atención del gobierno con las ONG era la forma como se adelantaba la reconstrucción del eje cafetero casi exclusivamente mediante la contratación con ellas.
Más adelante veremos lo central de la presentación final o de conclusiones.
Una propuesta que se abriría paso
Nadie conoce tanto de las debilidades e inconsistencias del Plan Colombia como el señor Jan Egelan, representante personal del secretario general de Naciones Unidas para el proceso de paz en Colombia. El señor Egelan era consultor de Planeación Nacional cuando se pensó en elaborar la propuesta "La paz es rentable", semilla de lo que luego sería el Plan Colombia. El conoce como ninguno los intríngulis de su actual estructura y de sus inconvenientes.
Entre las intervenciones inaugurales de esta Conferencia estuvo la del delegado personal del señor Koffe Anan. Aun reconociendo que el Plan Colombia era controvertido, instó a la comunidad internacional a invertir sin demora. Enfatizó la necesidad de acción en el tema de derechos humanos, resaltando el paramilitarismo y la impunidad donde dijo que si bien se habían hecho algunos progresos aún quedaba mucho por hacer. Insistió en la necesidad de reforzar el imperio del derecho y de un sistema de justicia fuerte. De otra parte, se refirió a la necesidad de avanzar a una mayor consulta con la sociedad civil y las ONG y sugirió la posibilidad de realizar un amplio encuentro internacional, incluyendo sociedad civil, ONGs, partes en conflicto y gobierno colombiano. Dicho encuentro se podría realizar en América Latina después del encuentro de Madrid.
La señora Mo Mowlan, coordinadora de la política antidrogas del gobierno del Reino Unido, en su discurso de clausura recogió los puntos en los que en su opinión había consenso en la conferencia. En su opinión, Madrid no debía considerarse de manera aislada. pues aparecía como el inicio de un proceso que habría de seguirse con la Conferencia de Costa Rica para el segundo semestre del año 2.000 y que había sido propuesta inicialmente por el señor Egelan, en el marco de la búsqueda de un proceso de consulta y diálogo para definir consensos en programas que puedan apoyar los gobiernos presentes.
En su intervención de clausura, el gobierno colombiano reiteró que recientemente hubo una serie de reuniones importantes con ONG, y que era preciso persistir en encontrar los puntos comunes. Señaló que ningún otro gobierno en la historia de Colombia ha trabajado tan cerca de las ONG y que necesita saber más acerca de ellas. Ser más selectivo a la hora de escoger con cuales puede trabajar, pues no todas ellas son iguales. Manifestó igualmente, la decisión de apoyar la idea de una reunión en Costa Rica.
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